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Recursos, reservas y NI 43-101: cómo se mide el litio bajo tierra

Antes de que un proyecto de litio reciba financiamiento, sus números pasan por estándares internacionales de reporte. Una guía clara para entender qué significan y por qué importan.

Por qué no alcanza con decir "hay litio"

Que un salar contenga litio es solo el punto de partida. La pregunta que se hace un inversor, un banco o una minera no es si el recurso existe, sino cuánto hay, con qué grado de certeza y a qué costo puede extraerse. Sin esa precisión, cualquier número es una promesa sin respaldo.

Para evitar que las empresas exageren su potencial —algo frecuente en la historia minera—, el sector adoptó estándares internacionales de reporte. Estos marcos obligan a clasificar la información geológica según su nivel de confianza y a que un profesional habilitado firme y respalde cada cifra publicada. Son, en los hechos, el lenguaje común entre la geología y las finanzas.

JORC, NI 43-101 y los códigos CRIRSCO

El NI 43-101 es el estándar canadiense, obligatorio para empresas que cotizan en las bolsas de Toronto (TSX y TSX-V), donde se financia buena parte de la minería junior del mundo. El JORC es su equivalente australiano, vinculado a la bolsa de Sídney (ASX). Ambos pertenecen a la familia de códigos alineados bajo CRIRSCO, junto con el SAMREC sudafricano y otros, lo que permite que los criterios sean comparables entre jurisdicciones.

La diferencia clave de estos estándares no es solo técnica: introducen responsabilidad legal. Un informe NI 43-101 debe estar firmado por una "persona calificada" (Qualified Person), un geólogo o ingeniero con experiencia y matrícula reconocida, que responde por la metodología empleada. Esto convierte al documento en una pieza auditable, no en marketing corporativo.

Recurso e inferido, indicado y medido: una escala de confianza

Un recurso mineral es una concentración de litio cuya extracción tiene perspectivas razonables de ser económica. Se subdivide según cuánto sabemos sobre él. El recurso inferido es el de menor certeza: se estima a partir de pocos sondeos y datos geológicos limitados, por lo que sirve para orientar la exploración pero no para decisiones de inversión definitivas.

El recurso indicado se apoya en una grilla de muestreo más densa, que permite estimar tonelaje y ley con confianza razonable. El recurso medido es el de mayor confianza: la información es suficiente para confirmar continuidad geológica y de leyes. A medida que se asciende en esta escala, baja la incertidumbre y sube el costo de obtenerla, porque exige más sondeos, ensayos de bombeo y análisis de laboratorio.

De recurso a reserva: cuando la economía entra en juego

Las reservas son la parte del recurso que se demostró extraíble de manera rentable bajo condiciones realistas. Aquí no alcanza la geología: hay que aplicar los llamados factores modificadores —precio del litio, costos operativos, recuperación metalúrgica, permisos, infraestructura, factores ambientales y sociales—. Solo los recursos indicados pueden convertirse en reservas probables, y los medidos en reservas probadas.

Esta distinción es decisiva. Un proyecto puede anunciar un recurso enorme y aun así tener reservas modestas si los costos o la recuperación no cierran. Por eso, leer un informe técnico exige mirar tanto el recurso total como la fracción que efectivamente se transformó en reserva, junto con los supuestos de precio utilizados.

Por qué los inversores leen estos números antes de poner plata

El financiamiento minero se mueve por etapas, y cada una se desbloquea con un hito técnico. Un PEA (evaluación económica preliminar) basado en recursos inferidos sirve para captar capital de riesgo temprano. Un estudio de prefactibilidad o factibilidad, sustentado en recursos indicados y medidos y en reservas, es lo que habilita el financiamiento bancario y las decisiones de construcción que mueven cientos de millones de dólares.

Para el inversor, la clasificación funciona como un semáforo de riesgo. Un proyecto con mayoría de recurso inferido es una apuesta exploratoria; uno con reservas probadas y un estudio de factibilidad robusto es un activo cuantificable. Por eso, antes de cualquier ronda de capital, lo primero que se audita es la calidad y el respaldo de estos números.

La Puna argentina bajo la lupa del estándar

En el caso argentino, el litio se aloja principalmente en salmueras de salares de altura en Catamarca, Salta y Jujuy. Medir un recurso en salmuera tiene particularidades: no se trata de roca con una ley fija, sino de un fluido con concentraciones que suelen ubicarse en el rango de cientos a más de mil miligramos por litro, y que requiere ensayos de porosidad, bombeo y modelado hidrogeológico para estimar cuánto litio es realmente recuperable.

Argentina, hoy quinto productor mundial y con proyectos de costos competitivos en la Puna, depende de estos informes para atraer capital internacional, más aún con el marco de incentivos vigente desde 2024. Cuando se evalúa un proyecto local, conviene leer el informe NI 43-101 o JORC completo: distinguir recurso de reserva, revisar los supuestos de precio y verificar quién firma como persona calificada. Esa lectura, más que cualquier comunicado, es la que separa una oportunidad sólida de una expectativa sin sustento.

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