Demanda de litio al 2035: los escenarios que mueven la inversión
Las proyecciones de demanda de litio dependen de dos variables decisivas: la penetración de los vehículos eléctricos y el despliegue del almacenamiento estacionario. Repasamos los escenarios y por qué la oferta argentina llega en un momento clave del balance global.
Por qué importan los escenarios de demanda
El litio dejó de ser un commodity de nicho para convertirse en un insumo estratégico de la transición energética. Sin embargo, hablar de una única "demanda futura" es engañoso: lo correcto es trabajar con escenarios, porque el consumo a 2035 puede variar de manera significativa según las decisiones de política pública, los precios de las baterías y la velocidad de electrificación del transporte.
Para inversores y decisores del sector, comprender estos escenarios no es un ejercicio académico. Define cuánta oferta nueva se necesita, en qué ventana temporal y con qué estructura de costos. Un proyecto que parece marginal en un escenario conservador puede ser indispensable en uno de electrificación acelerada.
El motor principal: vehículos eléctricos
La movilidad eléctrica concentra hoy alrededor de tres cuartas partes de la demanda de litio y seguirá siendo el principal vector de crecimiento. La mayoría de los análisis del sector ubica la demanda total de carbonato de litio equivalente (LCE) en un rango que parte de los aproximadamente 800.000 toneladas anuales actuales hacia entre 2,5 y 4 millones de toneladas hacia 2035, dependiendo del ritmo de adopción de los vehículos eléctricos.
Las variables que mueven la aguja son conocidas: regulaciones de emisiones en Europa y China, incentivos a la compra, expansión de la infraestructura de carga y, sobre todo, la paridad de costos con los vehículos a combustión. También pesa la composición química de las baterías, ya que la difusión de cátodos LFP modera el consumo de níquel y cobalto, pero mantiene una demanda firme de litio.
El segundo pilar: almacenamiento estacionario
El almacenamiento en red gana peso en cada revisión de proyecciones. A medida que las energías renovables intermitentes aumentan su participación en la matriz, los sistemas de baterías a escala de servicios públicos se vuelven imprescindibles para estabilizar la oferta. Este segmento, todavía minoritario, podría explicar entre el 15% y el 25% de la demanda total de litio hacia 2035.
La relevancia del almacenamiento estacionario es doble. Por un lado, agrega un volumen considerable de demanda. Por otro, tiende a privilegiar químicas de menor costo y mayor durabilidad, como las baterías LFP, lo que favorece la previsibilidad del consumo de litio frente a la volatilidad de otros metales de batería.
Tres escenarios para ordenar el análisis
Un escenario conservador asume una electrificación más lenta, con la demanda alcanzando del orden de 2,5 millones de toneladas de LCE hacia 2035. Un escenario base, alineado con los compromisos de descarbonización ya anunciados, ubica la cifra cerca de 3 a 3,5 millones de toneladas. Un escenario de transición acelerada, consistente con metas de cero emisiones netas, puede superar los 4 millones de toneladas.
La diferencia entre estos caminos equivale a varios proyectos de salmuera o roca de gran escala. Por eso el sector observa con atención los indicadores tempranos: ventas mensuales de vehículos eléctricos, anuncios de gigafábricas y licitaciones de almacenamiento en red. Cada señal recalibra cuántos proyectos nuevos deben entrar en producción y cuándo.
El desafío de la oferta y el balance global
La oferta de litio no responde de manera inmediata a los picos de demanda. Un proyecto de salmuera puede tardar entre cinco y siete años desde la exploración hasta la producción comercial, y los de roca dura requieren inversiones intensivas en procesamiento. Esta inercia genera ciclos de precios marcados, como mostró la fuerte corrección posterior al pico de 2022.
El balance global hacia 2030-2035 depende de que la nueva capacidad llegue a tiempo. En los escenarios base y acelerado, los análisis del sector anticipan déficits estructurales si no se concretan inversiones en la presente década. Esto otorga valor estratégico a las jurisdicciones capaces de aportar volumen competitivo en esa ventana crítica.
Argentina y la Puna: oferta en el momento justo
Argentina ocupa hoy el cuarto o quinto lugar entre los productores mundiales y forma parte del Triángulo del Litio, junto con Chile y Bolivia. Sus salmueras de la Puna —en Jujuy, Salta y Catamarca— se cuentan entre las de menor costo del mundo, una ventaja decisiva cuando los precios se normalizan tras los ciclos de euforia.
La combinación de proyectos en construcción, un pipeline robusto y un marco de incentivos como el RIGI vigente desde 2024 posiciona al país para incrementar su producción de manera sostenida hacia 2030. Si los escenarios base o acelerado se materializan, la oferta argentina llega precisamente cuando el balance global la necesita: con costos competitivos, recursos abundantes y la capacidad de convertirse en proveedor confiable de la transición energética.