Piletas de evaporación: el método que aún domina la Puna
Pese al avance de las tecnologías de extracción directa, la concentración solar por piletas sigue siendo la columna vertebral de la producción de litio en el norte argentino. Repasamos cómo funciona, cuánto tarda y por qué resiste.
Un método antiguo para un mineral estratégico
La evaporación solar es, con diferencia, la tecnología más difundida para extraer litio de salmueras en el Triángulo del Litio. En la Puna argentina —donde se concentra la práctica totalidad de la producción nacional— casi todos los proyectos en operación descansan sobre extensos sistemas de piletas que aprovechan la radiación solar y los vientos secos de altura para concentrar el mineral.
El principio es sencillo y milenario: es la misma lógica que usaban las salinas costeras para obtener sal común. Se bombea salmuera desde el acuífero salino y se la deja evaporar de forma escalonada, hasta que el litio alcanza concentraciones suficientes para su procesamiento químico. Lo que cambió no es el concepto, sino la escala y la ingeniería que hoy lo rodean.
El recorrido de la salmuera, pileta por pileta
La salmuera cruda que se extrae de los salares contiene apenas unos cientos de partes por millón de litio, disuelto junto a sodio, potasio, magnesio, boro y otros elementos. El proceso arranca bombeando ese líquido a la primera de una serie de piletas conectadas. A medida que el agua se evapora, la salmuera se traslada de una pileta a la siguiente, cada vez más concentrada.
En cada etapa precipitan distintas sales —primero cloruro de sodio, luego sales de potasio y magnesio— que se van retirando o quedando en el fondo. Al final del circuito, un concentrado con varios miles de ppm de litio se envía a la planta química, donde se lo purifica y se lo transforma en carbonato o hidróxido de litio de grado batería. La relación magnesio/litio de cada salar condiciona fuertemente la eficiencia de todo este recorrido.
El tiempo como variable crítica
La gran limitación del método es la lentitud. El ciclo completo de concentración por evaporación suele demandar entre doce y dieciocho meses, según la altitud, el clima y la química de la salmuera. Esto significa que un proyecto inmoviliza durante más de un año un enorme volumen de líquido en las piletas antes de ver el primer gramo de producto terminado.
Esa demora tiene consecuencias financieras: alarga los plazos de retorno, genera un capital de trabajo atrapado en tránsito y hace que la producción sea sensible a estaciones lluviosas o a años atípicos. Un verano húmedo en la Puna puede ralentizar la evaporación y desacomodar la planificación anual de una operación.
Huella territorial y consumo de agua
Las piletas de evaporación son visibles incluso desde el espacio. Un proyecto de escala comercial puede ocupar cientos, y en algunos casos miles, de hectáreas de superficie con sus piletas de concentración. Esa huella territorial es uno de los puntos más observados por comunidades y reguladores, junto con el uso de agua.
Aunque el proceso no requiere agua dulce para evaporar la salmuera, sí demanda agua industrial para el procesamiento químico posterior, y extrae grandes volúmenes de salmuera del acuífero. En una región árida de altura, el balance hídrico y el posible impacto sobre acuíferos de agua dulce cercanos son cuestiones centrales en las evaluaciones ambientales de cada emprendimiento.
Por qué sigue compitiendo frente al DLE
La extracción directa de litio (DLE) promete resolver varias de estas limitaciones: reduce los tiempos de meses a horas o días, disminuye drásticamente la superficie ocupada y permite reinyectar buena parte de la salmuera. Sin embargo, la evaporación mantiene ventajas difíciles de igualar en el corto plazo.
La principal es el costo. Las salmueras de la Puna se ubican entre las de menor costo operativo del mundo, en parte porque la energía de concentración —el sol— es gratuita. El método está tecnológicamente maduro, tiene décadas de historial operativo y un riesgo de escalamiento bajo. El DLE, en cambio, suele requerir más energía, agua de proceso y reactivos, y muchas de sus variantes todavía no están probadas a escala comercial en cada tipo de salmuera. Por eso, más que un reemplazo inmediato, hoy conviven, y varios proyectos exploran esquemas híbridos.
La Puna, entre la tradición y la transición
Argentina se consolidó como quinto productor mundial de litio apoyándose casi por completo en la evaporación solar. Los salares de la Puna jujeña, salteña y catamarqueña son el escenario natural de este método, favorecidos por la altitud, la baja humedad y la intensa radiación que aceleran la evaporación.
Con la llegada del RIGI en 2024 y el ingreso de nuevos capitales, el sector enfrenta la disyuntiva de optimizar lo existente o apostar por tecnologías más nuevas. Es probable que la Puna transite un camino gradual: piletas que seguirán operando durante años, mientras el DLE gana terreno en proyectos específicos. Por ahora, el paisaje de piletas escalonadas bajo el sol de altura sigue siendo la imagen más fiel de cómo Argentina produce litio.