De la exploración a la producción: las fases de un proyecto de litio en salmuera
Llevar un salar de la prospección inicial a la primera tonelada de carbonato de litio puede tomar entre siete y diez años. Repasamos cada fase del ciclo de vida y los capitales que exige.
Un camino largo y de capital intensivo
Un proyecto de litio en salmuera no nace en producción: atraviesa un ciclo de vida prolongado donde cada etapa reduce la incertidumbre geológica y técnica, pero también incrementa la exposición financiera. A diferencia de la minería de roca dura, los proyectos de salmuera de la Puna dependen de procesos de concentración por evaporación y de la química particular de cada salar, lo que vuelve crítica la validación temprana de variables como la relación magnesio/litio, la porosidad del acuífero y la permeabilidad del subsuelo.
En términos generales, el período que media entre las primeras campañas de prospección y la primera tonelada de carbonato de litio equivalente (LCE) producida ronda los siete a diez años, con inversiones acumuladas que pueden ubicarse entre 400 y 800 millones de dólares según la escala. Comprender esta secuencia es esencial para inversores y funcionarios que evalúan plazos, riesgos y retornos.
Prospección y exploración inicial
La etapa de prospección busca identificar salares con potencial. Combina información satelital, geofísica superficial y muestreos de salmuera para estimar concentraciones de litio, que en los salares de calidad de la Puna suelen oscilar entre 300 y 900 mg/l. Esta fase es relativamente económica —del orden de algunos millones de dólares— pero de alta incertidumbre: la mayoría de las áreas exploradas nunca llega a convertirse en proyecto.
La exploración avanzada incorpora perforaciones, ensayos de bombeo y pruebas de evaporación a escala piloto. Es aquí donde se empieza a entender el comportamiento del acuífero y la viabilidad del proceso. La inversión escala a decenas de millones de dólares y el horizonte temporal abarca de dos a cuatro años, dependiendo de la logística de altura y la disponibilidad de equipos en regiones remotas.
Recursos versus reservas: una distinción clave
Un error frecuente en la lectura de proyectos es confundir recursos con reservas. Los recursos minerales —clasificados como inferidos, indicados o medidos según la confianza geológica— representan la cantidad estimada de litio contenida en el salar. No todos esos recursos son extraíbles de manera económica.
Las reservas, en cambio, son la porción de recursos cuya explotación resulta técnica y económicamente viable bajo supuestos definidos de precio, costos y recuperación metalúrgica. Estándares internacionales como JORC o NI 43-101 regulan esta clasificación. Para un inversor, la conversión de recursos en reservas es la señal más concreta de que un proyecto está madurando hacia su fase productiva.
Estudios económicos: del PEA a la factibilidad
La maduración técnica se formaliza a través de estudios de ingeniería de creciente precisión. El primero suele ser una Evaluación Económica Preliminar (PEA), que ofrece una mirada conceptual con márgenes de error amplios. Le sigue el Estudio de Prefactibilidad (PFS) y, finalmente, el Estudio de Factibilidad (DFS o BFS), que reduce la incertidumbre de las estimaciones de capital a un rango cercano al ±15%.
El DFS define el diseño de pozas de evaporación, la planta de procesamiento, el caudal de bombeo de salmuera y el cronograma de construcción. Es el documento sobre el cual se toma la decisión final de inversión (FID) y se estructura el financiamiento. Alcanzar esta instancia puede demandar de dos a tres años adicionales y una inversión que se suma a la curva acumulada del proyecto.
Construcción y puesta en marcha
Aprobada la FID, comienza la fase de construcción, que en salmueras es particularmente extensa por la dinámica de la evaporación: las pozas requieren un período de llenado y concentración que puede tomar de doce a dieciocho meses antes de alimentar la planta. La construcción de infraestructura —caminos, captación de agua, energía, campamentos y la propia planta química— concentra la mayor parte del CAPEX, que para un proyecto de 20.000 a 40.000 toneladas anuales de LCE puede superar los 500 millones de dólares.
El ramp-up, o curva de aumento de producción, es la fase final y muchas veces la más subestimada. Llevar una planta de su primera tonelada a su capacidad nominal puede tomar entre uno y tres años, ya que los procesos de evaporación y precipitación deben ajustarse a las condiciones reales del salar. La diferencia entre el desempeño proyectado y el real durante el ramp-up suele ser determinante para la rentabilidad del proyecto.
La Puna argentina: ventajas y desafíos del ciclo
Argentina, quinto productor mundial de litio, concentra su potencial en la Puna de Jujuy, Salta y Catamarca, donde las salmueras destacan por costos operativos competitivos en el contexto global. Sin embargo, la altura, la lejanía de la infraestructura y la disponibilidad de agua extienden los plazos y elevan el capital frente a otras jurisdicciones.
En este escenario, instrumentos como el RIGI, vigente desde 2024, buscan mejorar la previsibilidad fiscal y cambiaria para inversiones de largo plazo, un factor decisivo cuando el retorno de capital recién llega tras casi una década de desembolsos. Para quienes evalúan proyectos en la región, comprender el ciclo completo —y no solo la promesa de las reservas— es la base de una decisión informada.